02 marzo 2008

El Santuario, como lugar del encuentro con Dios

Como se señala en el Nº 43 del documento de trabajo de la V conferencia del Episcopado Latinoamericano, ésta nos brinda una nueva oportunidad para reflexionar sobre la profundidad de nuestro encuentro con Jesucristo vivo” y preguntarnos sobre la coherencia, autenticidad e intensidad de nuestra vida cristiana.

El Santuario, y particularmente nuestros santuarios de Schoenstatt, al ser un lugar privilegiado del encuentro con el Dios de la vida, nos ofrecen una oportunidad privilegiada de preguntarnos sobre la vitalidad de nuestra alianza bautismal.

Los peregrinos acuden a los santuarios movidos por el deseo, más o menos purificado, de encontrase con la gracia transformadora de Jesucristo, que se hace palpable en el hecho ( por ejemplo una aparición de la Santísima Virgen) la persona (a quien está “dedicado” el santuario) y el mensaje (entregado por el vidente o la vida del santo) de aquel Santuario.

Nuestro santuario de Schoenstatt, por la originalidad del “hecho” y la “persona”8 del cual surge y del “mensaje” que entrega; le da al peregrino la posibilidad de enfrentarse inmediatamente con la pregunta sobre la vitalidad de su alianza bautismal. Nuestro Santuario de Schoenstatt tiene en su origen la Alianza de Amor con la Santísima Virgen María, como un camino original y seguro para la renovación de la propia alianza bautismal.

El Padre Kentenich entiende, de acuerdo a su efectividad y fecundidad, que la alianza de amor es una renovación de la alianza bautismal, una forma intensiva de vida a partir de la gracia del bautismo. "Para nosotros, la alianza de amor con la Virgen, como históricamente ha sido y repercutido, es una profunda renovación, fortalecimiento y aseguramiento de la alianza del bautismo, es decir, de la alianza con Cristo y el Dios Trino.”.(1)

Un santuario que tiene este origen, gracia y mensaje se abre universalmente a todo peregrino, el que aunque sea pobre o rico, blanco o negro, necesitado o agradecido, adulto o joven, etc. es siempre un hijo de Dios, llamado ha sellar o renovar su alianza bautismal.

En este sentido nuestro Santuario se transforma en aquel lugar en que los cristianos de América Latina y el caribe mediante un encuentro con Jesucristo vivo, por medio de la Santísima Virgen María, son acogidos, transformados y enviados como auténticos “discípulos y misioneros de Jesucristo hoy” .

    (1) J. Kentenich: Das Lebensgeheimnis Schönstatts, II. Parte, pág 57-58).

No hay comentarios: