Durante este mes de Agosto celebramos 3 fiestas de mártires unidos al menos por dos líneas comunes: su vivencia heroica del amor a Dios y al prójimo, y el haber sido victimas de la locura Nazi.
Cuando el día 30 de septiembre de 1982 se cerraba el proceso diocesano de beatificación de Carlos Leisner, se puede ver en el fondo de aquella sala las fotografías de los tres mártires y una cuarta, de izquierda a derecha: Carlos Leisner cuya fiesta celebramos el 12 de agosto, Teresa Benedicta de la Cruz (Edith Stein) cuya fiesta celebramos el 9 de agosto, José Kentenich en proceso de beatificación, Maximiliano Maria Kolbe cuya fiesta celebramos el 14 de agosto.
Cada uno de ellos nos muestra un camino concreto para poder nosotros también ser “mártires”, es decir, testigos del Amor de Dios.
Santa Teresa Benedicta de la Cruz, ya en su nombre nos marca su Ideal – y al tarea para nosotros - como testigo de Cristo: «Bajo la cruz he comprendido el destino del pueblo de Dios. (...) En efecto, hoy conozco mucho mejor lo que significa ser la esposa del Señor con el signo de la cruz.” Hoy cuando el mundo nos llama a vivir como “enemigos de la Cruz”, Teresa Bendicta de la Cruz nos recuerda que solo bajo la luz de la Cruz podemos comprender el destino de nuestros pueblos y nuestro propio destino.
San Maximiliano Maria Kolbe encontró el Ideal de su vida en la proclamación de la Madre Dios como la Inmaculada. : El amor por la Santísima Virgen inspiró todo su amor a Cristo y su decisión por el martirio. Así también nosotros debemos en un profundo amor a la Santísima Virgen María encontrar la inspiración para nuestro amor a Cristo y a dar testimonio de él.
El beato Carlos Leisner, en su Ideal de vida nos muestra un nuevo desafío: “Cristo es mi pasión”. Fue esa pasión por Cristo la que lo hizo ser un apóstol incansable de la juventud, lo que lo hizo decidirse definitivamente por él: “Cristo tú me has llamado. Yo digo humilde y decidido: ‘estoy aquí, mándame’”. Fue su pasión por Cristo lo que le llevó a ser el “sacerdote de una sola misa” y le permitió abrazar la cruz del martirio, pues el sacerdote debe ofrecer y ofrecerse. Fue esta pasión por Cristo la que le llevó a ser “apóstol de una profunda devoción mariana, la que aprendió en la escuela espiritual del Padre Kentenich y del movimiento de Schoenstatt.” El beato Carlos Leisner nos invita a dar testimonio de nuestra pasión por Cristo, especialmente en nuestra celebración de la Eucaristía.
El Padre José Kentenich, fue el único de los 4 que sobrevivió al Campo de Concentración, pero que en su larga vida (85 años) pudo ser un verdadero “testigo” un verdadero “Martir”. En su vida se resumen los tres ideales de estos mártires y se concentran en un cuarto: “Amó a la Iglesia”. En su vida supo lo que significa ser “Bendecido por la Cruz”, por la cruz de una infancia durísima, por la cruz del campo de concentración, pero sobre todo por la cruz de los 14 años de exilio a los que lo sometió la Iglesia y todo ello lo soporto con un profundo amor a la Iglesia. Vivió como un profeta de María, como un verdadero Apóstol de nuestra madre Inmaculada de la Madre de la Iglesia. . Y sin lugar a dudas Cristo fue su pasión y como él amó a su esposa la Iglesia. Siempre celebró la Eucaristía como si fuera la primera, la única y la última en su vida y por eso el Señor le quiso llamar a su presencia el día de nuestra Señora de los Dolores, fiesta en que se une el amor a María y a la Cruz, y lo llamó inmediatamente después de haber celebrado la Eucaristía en que tomó en sus manos y repartió a sus hermanos el cuerpo de Cristo su única pasión. Su vida nos enseña que no es posible ser un verdadero testigo del Señor sin un profundo amor a la Iglesia.
P. Adrián González.